Tú no eres tu dolor…

Hoy es el último día del año, para muchos es momento de hacer recuentos y resoluciones, para mí, se cumplió un año desde que partí este blog, no sé cuanta gente lo lee (si es que alguien lo lee!), yo escribo porque me hace bien y porque quizás el camino que he recorrido puede ser de ayuda para otras personas.

Este 2018 fue un año de muchos aprendizajes, pero el principal fue el haberme enfrentado al dolor crónico, por eso hoy quiero hablarles de mi experiencia con el dolor y cómo el mindfulness pudo ayudarme.

Hablar de mi dolor crónico no es fácil, menos ahora que volvió a estar presente, pero es necesario. A pesar de que la experiencia del dolor es increíblemente frustrante y desgastante, si uno aprende a estar con el dolor puede aprender maravillosas cosas sobre uno mismo y sobre el poder de habitar nuestro propio cuerpo.

Hace 1 año me lesioné corriendo, una lesión habitual en corredoras poco entrenadas como yo, con una recuperación un poco más larga de lo esperada. Cuando por fin llegó el momento de volver a entrenar mi musculatura (antes de pensar siquiera en volver a correr) comencé con un dolor en el glúteo izquierdo, un dolor que no se parecía a ninguno que alguna vez hubiera sentido. Y empezó la procesión entre traumatólogos, resonancias magnéticas, etc., mientras el dolor no mejoraba, no tenía un diagnóstico y, por lo tanto, no tenía un tratamiento. Finalmente me diagnosticaron un síndrome de dolor glúteo profundo izquierdo, inicialmente no podía caminar sin cojear, tuve que dejar de entrenar, de trabajar por 1 mes, y mi vida se redujo a las mínimas actividades de la vida diaria, porque hasta manejar me producía un dolor intenso. Todas las cosas que me daban alegría en la vida se fueron esfumando poco a poco, ya sea porque físicamente era incapaz de hacerlas o porque ni siquiera tenía de ánimo de intentar hacerlas.

Inicialmente no sabía cómo lidiar con el dolor, era tan intenso que pensaba que si lo ignoraba e intentaba hacer otra cosa mi mente lo olvidaría, pero me era imposible concentrarme en cualquier cosa que no fuera el dolor. Por muchos días me resistí al dolor, no lo quería en mi vida, pero me di cuenta que eso solo lo empeoraba, esa resistencia solo generaba más tensión y más dolor y era un círculo vicioso del cual era muy difícil salir. Luego caí en la desesperación y fui víctima del sufrimiento secundario asociado al dolor, comencé a tener pensamientos negativos, pensaba que nunca me iba mejorar, que el dolor solo podía empeorar, que nunca más iba a volver a caminar sin dolor, que nadie era capaz de entenderme, lo cual solo generaba más stress, angustia, ansiedad, irritabilidad, miedo y pena y a la larga… ¡más dolor!…el dolor suma dolor.

A pesar de que ya llevaba casi un año meditando cuando comencé con el dolor me fue muy difícil habitar mi cuerpo, el dolor se apoderó de todo, y me costaba mucho esfuerzo mantenerme en el presente, la rumiación mental y los pensamientos negativos eran poderosos. Hasta que comencé a realizar una meditación dirigida al dolor, comencé a respirar a través del dolor, a estar presente con el dolor, dejé de resistirme, y ese fue el primer paso para la aceptación. Luego comencé a afinar mi atención para identificar el nivel del dolor momento a momento y los factores gatillantes, y me di cuenta que el dolor cambiaba, que nada es para siempre, el dolor tampoco. Así, fui dejando ir esos pensamientos negativos, soltándolos, sin juzgar, habitando mi cuerpo momento a momento, escuchándolo y poco a poco dejé de identificarme con el dolor y logré entender una de las cosas más importantes: tú no eres tu dolor.

Después de 6 meses de ir 2 veces a la semana a kinesioterapia, de tomar medicamentos, de ir a controles médicos, el dolor desapareció y nuevamente comencé el entrenamiento funcional. Pero hace 1 mes el dolor volvió, aunque esta vez era diferente, menos intenso, y yo tampoco era la misma. A pesar de que ahora tengo más herramientas para enfrentarlo, debo reconocer que los pensamientos negativos acechan, pero sigo trabajando en dejarlos ir, hay días en que me siento superada, desesperanzada, en que probablemente me auto exijo demasiado, pero entonces recuerdo la frase del libro de Vidyamala Burch: “Deja de empeñarte en llegar hasta mañana. Basta con que llegues al momento presente” (Burch, 2016).

“El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional” (Buda)

Que tengan un excelente 2019!

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